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Entre la ciencia de la falla y la cólera divina: el sur del Chocó tiembla bajo la zozobra

En la cuenca del San Juan la tierra no descansa. En un territorio delimitado por Sipí, Nóvita, San José del Palmar y Medio San Juan, el suelo parece un animal inquieto que se sacude bajo los pilotes de madera de las casas. Los temblores se suceden uno tras otro, a veces con un rugido subterráneo que retumba antes de la sacudida, instalando una atmósfera espesa donde la incertidumbre ya forma parte de la rutina.

En los sismógrafos de Cali, la explicación tiene nombre y coordenadas. El geógrafo y geólogo Elkin Salcedo, director del Observatorio Sismológico del Occidente (OSO), describe la seguidilla como un reacomodamiento tectónico: un enjambre sísmico en una de las esquinas más complejas del planeta, donde la interacción de las placas de Nazca y Suramérica fractura la corteza en medio de fallas locales activas. La corteza busca su equilibrio, explica Salcedo, pero en las calles ribereñas las razones de la ciencia poco alivian el desvelo.

Embarcaciones sobre un río del Chocó
El río sigue siendo vía, sustento y paisaje cotidiano en buena parte del Chocó. Foto: Gustavo Montenegro Cardona / Tiro de Cámara.

A kilómetros de los centros de monitoreo, en Cértegui —cuna de Arnoldo Palacios, donde la memoria de Las estrellas son negras parece revivir en cada esquina golpeada por el olvido—, la mirada sobre el fenómeno es muy distinta. Alirio Salazar Orejuela, pensionado del ICBF, de 63 años, observa el horizonte con la serenidad de quien ha visto pasar décadas de abandono estatal. “Aquí la gente siente que la tierra está reclamando lo suyo, buscando su espacio natural a la fuerza”, comenta al describir la angustia colectiva. En los pueblos del San Juan, mientras algunos siguen los partes oficiales por radio o redes, muchos otros han desempolvado estampas religiosas, encomendándose a Dios y a los Reyes Magos para implorar protección ante lo que temen sea la antesala de una catástrofe sin retorno.

Ese temor alimenta un abanico de interpretaciones que navega entre la fe, las viejas creencias y el desencanto. Hay quienes leen los sacudones como un castigo divino frente a los extravíos humanos; otros sostienen que es la voz de Dios alertando a un pueblo desamparado. Corre también la sospecha popular que culpa a las excavaciones ilegales en los ríos y a la codicia de grandes multinacionales interesadas en los minerales de la selva, acusándolas de horadar las entrañas del territorio hasta perturbar su equilibrio. Y no faltan quienes, en medio del espanto, vislumbran un giro inesperado: la esperanza casi mística de que solo un remezón de esta magnitud obligará al país a mirar, por fin, hacia la dignidad y la reivindicación de estas comunidades olvidadas.

Paisaje del Chocó
Paisaje del Chocó, un territorio donde naturaleza, memoria y vida comunitaria permanecen estrechamente ligadas.

Esaúd Urrutia Noel

Director de Revista Ébano Latinoamérica.

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